Lecciones del proceso electoral en los Estados Unidos para la R.D.

Opinión

Por: Robert Stalin Mustafá R.

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domingo 8 de noviembre, 2020

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El pasado 3 de noviembre fueron celebradas las elecciones generales de los Estados Unidos. Luego de unos largos y tensos días de espera, los estadounidenses – y el mundo – han recibido los resultados preliminares del triunfo inminente del candidato demócrata Joseph Biden, de quien se espera que ocupe la Casa Blanca a partir del mes de enero de 2021.

La noche del sábado 8 del mes de noviembre, pude escuchar el discurso del triunfo del presidente electo, lo que me llevó a tomar notas de algunas reflexiones que, en términos políticos, pudieran servirnos para generar un verdadero cambio social que, a su vez, nos permita modificar malas costumbres políticas que históricamente han lacerado nuestras fibras democráticas.

Primera lección: Ejercer nuestros derechos políticos va más allá de esperar un cargo público. Se trata de asegurar que, por medio a la elección concienzuda de nuestros gobernantes, nuestras voces sean escuchadas y que estamos debidamente representados en las tomas de decisiones de Estado.

Antes de entrar en el análisis de la alocución del presidente electo, me detengo a resaltar positivamente las manifestaciones triunfalistas que se desarrollaron desde tempranas horas de la mañana en distintos Estados norteamericanos. Ver a la gente desafiando la pandemia, bandereando y celebrando por los resultados de su fiesta democrática me lleno de emoción ajena. Se reflejaba en los rostros presentes una conmoción espontánea que solo se logra por la convicción de ideales, el ejercicio de las libertades y de la democracia en sí misma.

A su vez, me lastima el hecho de que, en nuestro país, salvo honrosas excepciones, mis conciudadanos no son necesariamente movidos por ideales políticos y sociales, sino por la esperanza de beneficios particulares que pudieran representar el triunfo de un determinado partido. Históricamente, hemos asumido el ejercicio político con miras de ostentación del poder y el enriquecimiento de quien lo posee y/o sus allegados.

Segunda lección: En tiempos tan difíciles, con la salud en riesgo extremo y la economía global agonizando, llamar un discurso de unidad.

Conociendo las amenazas existentes, Biden llamó a la unidad, pero no circunscrita a la unión ciudadana, sino con el Partido Republicano. A pesar de que en su discurso de triunfo el presidente Luis Abinader apostó por la unidad, no la extendió al partido saliente. Por el contrario, la línea política del PRM ha sido de estricta persecución a los actos de corrupción de la pasada gestión, lo que no está mal y apoyo en su totalidad, pero la ética y la prudencia debe primar en un momento donde el escenario en que la gente se encuentra con niveles de tensión muy elevados.

Muy por el contrario, la corriente de las nuevas autoridades ha sido desvincularse completamente de las anteriores, incluyendo la prohibición tajante de mantener vínculos, incluso personales con personal saliente. Atribuyendo estas medidas a la desconfianza y posibles fugas de información que pudieran generarse de dichos vínculos.

Biden aún no llega a la Casa Blanca, pero ha asumido su triunfo, y ya desmontó el discurso de oposición. Con esta actitud se sobreentiende que es su responsabilidad actuar y no cacarear en base a las usuales especulaciones que surgen en las contiendas electorales. Esto significa que, si a partir de su gestión se encuentran fallas, vulnerabilidades o comisión de actos ilícitos, queda obligado a someterlo a una justicia independiente.

A casi tres meses de la toma de posesión, pareciera que la dirigencia del PRM no ha podido quitarse el traje opositor y ha venido dando palos a ciegas, enlodando la gestión anterior y profundizando la ansiedad ya existente en el pueblo dominicano. Nunca me han gustado los discursos de tiradera política y mucho menos si quien inicia la tiradera es quien ostenta el poder.

Del discurso de Abinader solo recuerdo la consigna del triunfo “los queremos presos”, y sí, yo también quiero ver ante la justicia a todos aquellos que infringieron la ley, sin embargo, debemos ser cautelosos al momento de generalizar y velar porque nuestras exigencias sean justas y garantistas de derecho, no así movidas por un resentimiento social que provoca más envidiosos que patriotas.

Al país le urge un plan de continuidad del Estado, mediante el cual nuestro marco jurídico mitigue de forma efectiva la furia partidista al momento de asumir el poder, ya que las intenciones del líder pueden ser las más buenas, pero inservibles si la dirigencia del partido no se encuentra alineada. Debemos evolucionar para que las decisiones del Estado no sean tomadas por la dirección del partido de turno, sino por consenso ciudadano.

El consenso implica la toma de decisiones públicas por medio al debate entre los poderes públicos, los partidos políticos y la sociedad civil.

Tercera lección: Continuidad del Estado. Debemos asumir este principio de derecho, en el que ningún gobierno puede repudiar las obligaciones suscritas por su predecesor, esto sin importar las opiniones encontradas o los cuestionamientos que se susciten en los debates políticos.

Un ejemplo puntual de lo que significa la continuidad del Estado es el respeto por la carrera de servicio público de los ciudadanos, indistintamente de su preferencia o ideología política. No me referiré a casos puntuales porque para eso están las redes sociales, pero, a pesar de las promesas del presidente Abinader de respetar la función pública, los compromisos de los compañeritos del partido no le han permitido honrar su palabra.

Conozco de instituciones que han desvinculado a personal técnico calificado contratados por la gestión anterior por una simple “decisión administrativa”, sólo porque la plaza necesita ser ocupar por alguien más. Ese “alguien” llega sin experiencia, sin memoria histórica y sin bases técnicas que le permita realizar un trabajo óptimo. Esto implica, erogación de fondos del presupuesto público para pagar prestaciones e indemnizaciones al personal saliente y también para capacitar al personal entrante, sin contar con la curva de aprendizaje que implica tomar posición de una nueva función que, a su vez, ralentiza los procesos burocráticos de las instituciones.

Las políticas de Estado deben continuarse, las leyes deben respetarse. La reinvención de la rueda cada 4 años drena presupuestos públicos y en este momento nuestros bolsillos están vacíos y endeudados.

En el caso de los Estados Unidos, hace pocas semanas el presidente Trump firmó una orden ejecutiva que le da potestad de contratar y despedir más fácilmente a trabajadores federales, misma que empezaría a aplicarse de forma general en un segundo mandato, permitiendo a las agencias federales revisar sus listas de empleados y reclasificarlos en una nueva categoría en la que perderían las protecciones laborales de las que actualmente se beneficia la mayoría de los trabajadores de la administración pública.

Esto generó un escándalo mayúsculo para la actual administración y las expectativas de los líderes sindicales apuntan a que el nuevo presidente Biden rescinda pura y simplemente la referida orden ejecutiva, por entender que esto se prestaría a la politización del proceso de contratación pública con la posibilidad de “contratar compinches y despedir enemigos”, según afirmó Richard C. Loeb, asesor principal de políticas de la Federación Estadounidense de Empleados del Gobierno.

Cuarta lección: Nunca se otorga el poder absoluto a un mismo partido

A pesar de que el partido demócrata ha ganado la presidencia, podemos ver una tendencia que sugiere que el Partido Republicano conseguirá la mayoría en el Senado de los Estados Unidos, ocurriendo lo contrario en la Cámara de Representantes, donde los demócratas se encuentran dominando las proyecciones.

A mi juicio, en caso de materializarse estas proyecciones, estaríamos viendo un balance idóneo para la efectividad de un sistema democrático. Ese equilibrio ha permitido obligar a los republicanos del Senado a negociar cualquier medida económica relevante, ha trascendido hasta investigar al presidente y hasta aprobar una interpelación.

Esta es una lección que como país no hemos podido aprender. Un circulo vicioso que se mantiene cuando votamos por castigar un partido y no necesariamente por las propuestas que traen. Cuando un mismo partido político ostenta el poder absoluto de todos los poderes públicos da lugar a la toma de decisiones caprichosas o marcadas por intereses políticos y sectoriales.

Por su parte, la desconcentración del poder permite el debate, la minuciosidad en la toma de decisiones, mayor transparencia y una correcta fiscalización de las actuaciones de los funcionarios públicos.

Cuarta lección: El pataleo no es exclusivo de los dominicanos

Pareciendo ser la segunda parte de nuestra historia reciente, esta vez sin algoritmos presentes, las teorías conspirativas surgieron desde días antes de las elecciones. Sin embargo, el fraude parece electoral parece solo estar presente en la mente del candidato perdedor.  Lideres con marcada influencia dentro del partido demócrata, como lo son el Senador de Utah, Mitt Romney y el Gobernador de Maryland, Larry Hogan, ya han reconocido el triunfo de Biden y, aunque dicen haber escuchado algunas irregularidades en el proceso, mantienen una postura responsable al asegurar que no han sido aportadas las pruebas y que, en tal caso, la cantidad de votos cuestionados no es significativa como para cambiar la realidad, la voluntad del pueblo.

Ambos aseguran estar de acuerdo con que se investigan y remedien las irregularidades detectadas, pero por las vías judiciales correspondientes, pues han entendido que el voto no ha sido en contra del conservadurismo republicano, sino de rechazo a la figura del presidente Trump.

Por otro lado, vemos la postura del Partido Demócrata, quien reconoce su postura y la victoria coyuntural y exhortan a los miembros de su partido a levantarse y aprender de sus errores.

Definitivamente, y salvo la conducta del candidato perdedor, los partidos se han mostrado abiertos a trabajar los unos con los otros con un fin común: el bienestar del pueblo. Sobre esta lección no hablaré de nuestros comportamientos políticos retrogradas y poco disciplinadas, pues aún me suena la voz de un senador dominicano recientemente electo cantarle a la bancada contraria: “SE MURIOOOOO”, en plena sesión.

A mi juicio, no creo que Biden haya sido necesariamente la mejor propuesta, pero al igual que pasó con la elección de Abinader, se impuso porque era la única opción viable para castigar la soberbia del poder. Tampoco creo que Trump haya sido mal gobernante, pero parece que no soy el único al que su actitud no le gusta. Su mal manejo lo traicionó.

En definitiva, los norteamericanos han elegido sus gobernantes de la misma forma en que pudimos elegir los dominicanos; la diferencia está en que aún nos falta mucho por aprender. Los cambios no se logran eligiendo a un superhéroe cargado de promesas, los cambios surgen de la evolución en la ideología de los pueblos, los cambios inician por nosotros como ciudadanos.

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